2 nov. 2007

Chet Baker



A Baker le sacaron los dientes en una dura riña con narcotraficantes, en California, en 1968. Fue otra humillación en su carrera, que ya se había estropeado unos años atrás. Quien alguna vez fue considerado uno de los solistas más delicados del jazz de posguerra, nacido en Oklahoma, había pasado de la marihuana a la heroína a mediados de la década del 50. Cuando se lanzó a una marcha hacia la perdición desde Estados Unidos hacia Europa sufrió un arresto tras otro. Los diarios sensacionalistas sabían que podían confiar en él cada vez que buscaban una buena historia relacionada con sexo, drogas y bebop.

El daño a los dientes es uno de los peores desastres que sufre un trompetista. Después de esa paliza, Baker abandonó la música durante varios años y sobrevivió por un tiempo como empleado en una estación de servicio. Cuando concretó su regreso, largamente esperado, todavía podía tocar con gracia divina, pero el sonido era aún más frágil y obsesivo que antes.

Un triste día, ciego de cocaina y heroina Chet caía desde la ventana de un hotel en Amsterdam... accidente, suicidio, ajuste de cuentas, quien sabe. Su muerte está cubierta de dudas y sospechas.

Sobre su vida se realizó el documental, Let`s get lost.

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